Respuesta corta: la web de un despacho debe tener una página clara por cada especialidad, explicar cómo es la primera consulta, mostrar quién está detrás y facilitar el contacto. Y debe respetar el art. 20 del Estatuto General de la Abogacía: nada de prometer resultados, citar clientes sin autorización o incitar a pleitos.
Lo que busca quien entra en la web de un abogado
Casi nunca busca «un abogado»: busca solución a un problema concreto, como un despido, una herencia o un divorcio. En pocos segundos quiere saber tres cosas: si llevas su tipo de caso, si puede fiarse y cómo es el primer paso.
1. Una página por especialidad
Cada área de práctica merece su propia página: laboral, familia, herencias, penal, mercantil o fiscal. En cada una:
- Qué casos llevas, explicado en lenguaje claro.
- Cómo es el proceso, en pasos.
- Qué documentos conviene preparar.
- Preguntas frecuentes reales.
Así respondes a lo que busca el cliente y Google entiende en qué eres especialista.
2. La primera consulta, explicada
La duda más común antes de contactar es «¿cuánto me va a costar hablar con vosotros?». Explica cómo funciona la primera consulta, si tiene coste, cuánto dura y qué debe traer el cliente.
3. Quién está detrás
Equipo con nombre, colegiación y especialidades. Las menciones de especialidad deben estar respaldadas por formación o práctica profesional, como exige el Estatuto.
4. Contacto fácil y confidencial
Teléfono visible, WhatsApp y un formulario breve, con un aviso claro de que la información se trata con confidencialidad.
5. Ficha de Google por oficina
Categorías adecuadas, horarios, fotos del despacho y reseñas reales. Al responder reseñas, nunca menciones el asunto del cliente.
Lo que prohíbe el Estatuto General de la Abogacía
El art. 20 del Real Decreto 135/2021 prohíbe, entre otras cosas: revelar datos protegidos por el secreto profesional, incitar a iniciar un pleito, ofrecer servicios a víctimas de accidentes o catástrofes mientras pueda condicionar su elección (en todo caso durante 45 días), prometer resultados que no dependan exclusivamente del abogado, citar clientes sin su autorización y usar emblemas colegiales que generen confusión.
En la práctica: nada de «casos ganados» como reclamo, testimonios sin autorización ni promesas de indemnizaciones.
Errores frecuentes
- Textos técnicos que el cliente no entiende.
- Una sola página de «servicios» con todas las áreas mezcladas.
- Ningún dato sobre la primera consulta.
- Web lenta o que no se lee bien en el móvil.
En nuestra página de marketing jurídico explicamos cómo trabajamos la web y el SEO local de un despacho.